martes, 12 de mayo de 2020

Pasión

Pasión.

Una puñalada
oscura y melancólica.
Una rosa
que tiene dientes
y me arranca la piel
con saña salvaje
y romántica.

El tiempo.
La tristeza.
La soga disfrazada de alcohol.
El beso.
Y la piel convertida
en mortaja.

La pluma.
El cigarro.
La luna.
Y la promesa.

Un dolor suave
y certero.
Una herida abierta
por la que me supuran
mariposas y demonios
con las alas desplegadas.
Y una cicatriz
con forma de amapola negra.

Amor.
Navaja.
Y caricia.

Mi cuerpo
convertido en un mapa
de días y de besos.
Besos que son guadañas.
Guadañas que son caricias.
Caricias que ocultaban garras.
Garras oscuras y afiladas.

Y en mi corazón
siento como se abre una ventana al vacío.
A ese vacío
donde mi alma noche tras noche,
sueña en fantasía suicida
que es un ángel con las alas rotas
que al caer,
será arropado por el esqueleto de Dionisio.
Y por su boca.

Los labios.
La ceniza.
La cuchilla de afeitar.
Y tus ojos.



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