Amame hasta romperme
el corazón en un millón
de pequeños cristalitos rojos.
Cristalitos que estallen y se claven
en tus ojos y mi alma.
Haciéndonos sangrar rosas y espinas
por cada uno de tus lunares
y cada una de mis llagas.
Amame hasta reducir mi ser
a una pequeña muerte
convertida en un dulce grito agónico
que resuene
en medio de un silencio de besos enmudecidos.
Violenta y salvajemente.
Amame hasta el polvo.
Y hasta la locura, que oculta
la sonrisa roja de la polilla degollada
por la musa.
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