La manzana que se derrite
dentro de mi pecho.
Dibujando un corazón liquido
y casi muerto.
La rosa es una dentadura de bebé
y muerde
la piel desnuda de la primavera.
La luna es una navaja de perfil
cortando con precisión cirujana
la piel expuesta del violín.
Mi cuerpo, siendo sombra
y perfil de sombra. En el cementerio
de las musas y las polillas.
La agonía lame
con su lengua de serpiente
mis manos convertidas en tierra.
Y la música será
un cementerio invisible
donde descansarán los gusanos negros
de mi llanto
y de mi poesía.
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