Hay una flor roja
que se deshace
entre las yemas de mis dedos.
Una flor
que se convierte en ceniza
y sangra
entre mis uñas, y mis huellas dactilares.
Una flor que era
una paloma que se volvió ceniza
desapareciendo para siempre
entre las bocas invisibles que dibujan
el contorno de nuestros besos.
Una flor que era
viento y herida.
En medio de la llama que dio forma
a nuestra pasión fugaz.
Y suicida.
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