viernes, 10 de abril de 2020

Un campo de venas rotas

Un campo de venas rotas
para alimento de los rebaños hambrientos
de las lágrimas.

En medio de un jardin de calaveras y relojes
hay un perro con alas
que antaño fue un pegaso.
Y un millón de azucenas blancas
que ocultaban besos robados entre sus raíces.

El paisaje se tiñó de color morado.
Morado muerte. Y morado melancolía.
Y todos los montes y los ríos
se volvieron enredaderas de dedos rotos
y corazones extendidos.

Sobre los carruseles solo giraban
sombras y esqueletos de animales de madera.
Y todos los columpios serán
hilos forjados de gritos retorcidos
y carcajadas rotas.

El tiempo es un infinito mapa oscuro
en donde nos perdemos entre laberintos
de barro seco y retorcidas alambradas.
Y en donde nos dejamos los recuerdos
convertidos en fantasma de nuestras nostalgia.

Todo era una postal borrosa y melancólica
en la que los campos de juegos
eran campos de arcoíris y venas rotas.



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