Y de repente...
todo fue oscuridad.
Y hasta los cantos de los pájaros
se volvieron silbidos de bombas.
No se distinguía el cañón de una pistola
de la barra oxidada de un columpio.
Y el sabor de la sangre
se mezclaba con el de las gotas calientes
del chocolate.
Caminando por la bruma
nos encontramos con nosotros mismos
con un rostro nuevo cada día
pero con la misma sonrisa antigua del ayer.
Todo ante nuestro ojos era,
una fugaz fotografía.
En el que el paisaje se mezclaba
con las flores y con las cenizas.
Y cada uno de los edificios
parecían sombras fantasmas
alzándose entre las ruinas de aquel paraíso
donde creíamos que la muerte
no miraba su reloj.
Pero el tiempo
disfrazado de bomba y de luna
se volvió un velo
tapando el rostro ya calavera de aquel paisaje.
Y la noche
como una serpiente de sangre y humo
devoró todo aquello que pudo ser, y no fue.
Dejando pieles y minutos
en el cementerio de las fotografías y los periódicos.
En medio de aquella niebla oscura
todo era caos y enredaderas de humo.
Y ciegos caminábamos
buscando arcoiris entre los escombros.
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