lunes, 9 de febrero de 2015

Con mi sangre. regué los campos de la memoria

Con mi sangre regué los campos de la memoria,
que dan flores de marfil.
cuyos tallos son, humeros de barro seco
sus pétalos ojos de cristal
donde las palomas duerme su ultima noche
oculta en su propia  retina.
y sus hojas dos manos abiertas,
cuyos dedos quieren acariciar la piel de la luna.
pero esta  es un hierro que le quema encima de las heridas.

Soy un gorrión defenestrado por un alcón de acero.
De cuyo cuerpo inerte,
Tendido, bajo una fosa de cemento
beberán, rebaños de corderos muertos
y comerán reses de tendones y tuétanos.
hasta dejar mi costillar seco.
y a mi.agonizando con el corazón abierto en dos.
Y con un suspiro silbando fuera de mi pecho.

 la vida reducida a polvo,
cuando la muerte salio a pasear de noche
y la lluvia, era mil lenguas de azufre saliendo
de unos labios de hierro.
Que quisieron besar las estrellas,
y acabaron arrancando la cara del alba
que yace siendo un manto de amapolas rojas tendida en el suelo.

Soy la sangre derramada, en medio de un callejón sin calles
por una batida de sombras.
Que se lanzaron contra los civiles montadas a caballo,
o tendiendo una emboscadas
tras los muretes donde se agazapan
los lobos negros armados con su carabina cargada con balas de miedo,
Disparando contra las espaldas multicolores que se alejan
y donde murió la esperanza
entre gritos desesperados que se ahogan
confundidos con cánticos de campanas. y explosiones de silencio.

La sangre que llenara el cáliz
del cual beberá la historia dormida tras,
los matorrales del olvido.
cuando el tiempo, borre el 39 del calendario.
y el 36 sea tan solo
un recuerdo lejano de un tiempo,
en el que el miedo vestía de uniforme
los coches tenían ojos que señalaban la cara de la muerte,
y los montes eran corazones que albergaban almas bajo
sus diástoles de barro seco
Donde los latidos eran resonar de agua metalizada
siguiendo el cauce de un río  muerto.

Un río que bañara con adoquines la frente,
de aquellos que duerme su sueño de 80 lunas llenas,
tapados por un manto de bosques
acurrucados contra la tapia vieja de los cementerios tendidos sobre las cunetas.
y arropados por el resplandor de las estrellas.
que cerraran con sus manos de plata
sus ojos.siempre fijos al cielo,
como si fueran dos faros en miniatura buscando
entre las nubes un velero.
Pero que en realidad son....
Dos orbes ciegas,
por culpa de una lágrimas espesas como la pez
que borraron el brillo de sus ojos
y de una infancia que, es piedra de barro bajo sus aguas.
esperanza deshecha, sembrada por los campos de la memoria.

Donde con la sangre de mis venas,
y con la de aquellos que murieron con mordiscos en la nuca
y ahora tienen gladíolos en la espalda y en el pecho.
crecerá un prado de palomas rojas todas con sus pulmones abiertos.

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