El pájaro cantor de mi inocencia
se volvió un pequeño esqueleto
de sueños rotos y descoloridos.
Un esqueleto que hace mucho tiempo
perdió su voz y su pequeño trino.
Y ahora solo silva afónicamente
entre promesas frías
y humo de cigarrillos.
El pájaro de mi infancia
ahora solo es...
un diminuto esqueleto que solloza
sobre mi cama
y sobre mis latidos.
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