A veces nos sentimos
un amargo bocado
en la boca de otro.
Masticados y escupidos
sobre un cerro
de emociones rotas y truncadas.
Sin poder quitarnos
esa sensación de angustia
mezclada con sangre
y restos de ilusiones trituradas.
Y quisiéramos ser fruta dulce
de sus pasiones y de sus anhelos.
Ese aroma de naranja sobre la piel contraria.
Y ese regusto a whisky mezclado con azúcar
sobre otra lengua.
Y no ese pan negro
que dormite en sus labios y saliva.
O ese regusto a cigarro, que después del ultimo beso
se esfume como un fantasma
entre una respiración amorosamente contraria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario