Me duele la granada oculta en mi pecho.
Aquella mal llamada corazón.
Como una daga de fuego en medio del pulmón.
O un piano comatoso, agonizante de canción.
Me duelen las mariposas con sierras en las alas
que anidan en mi pecho.
La cuerda del violín que convertida en ballesta
corta mis labios y mis dedos.
Y ese verso inacabado, cuyo final era tu nombre escrito
a sangre y fuego sobre mi piel. Y sobre mi cuaderno.
Me duele, como un anzuelo clavado
en la piel secreta de mi alma
la raíz amarga del amor suicida.
La puñalada de la rosa en mi espalda.
Y la rosa candente que se consume
sobre mi boca.
Pero sobretodo...me duele
el silencio de tus ojos negros.
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