Quiéreme hasta que caiga
la ultima lagrima de mi reloj de arena.
Hasta que el universo implosione
y se pliegue en su propio latido.
Quiéreme en todas partes y en ninguna.
Siendo piel y átomo de mi propia luz
y existencia.
Con tus ojos siendo dos enredaderas
clavados en los míos, Y con las golondrinas
de Becker colgando sus nidos
en el balcon sin fin de mis pupilas.
Quiéreme hasta que la eternidad dure un suspiro.
El tiempo sea un juego.
Y mi corazón, una bomba de relojería
cuya metralla en forma de flores candentes
se claven en tus ojos y en los míos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario