Un palpito de fuego
retumba invisible
entre las paredes del firmamento.
Y su sangre incandescente
salpica de belleza melancólica
La piel que se extiende sobre la ciudad.
Dejando cicatrices de poética muerte
entre los contornos de los tejados.
Y entre las siluetas que dibujan paisajes
que tienen flores enquistadas
en el cielo y en el asfalto.
En medio de un horizonte difuminado
Un corazón de 100 vidas
se vuelve lágrimas de sangre y puñal.
Clavando su resplandor borgoña
en medio de las pupilas.
Y cubriendo con un velo eroticamente infernal
Los sueños lucidos
de los locos que sueñan con la belleza invisible
que se esconde
detras de unas cortinas de estrellas mortecinas
en donde no existe el tiempo.
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