Brotaron una raíces del interior de mis ojos,
que eran tus lágrimas enquistadas.
Raíces que daban unas flores de color azul
que tenían alrededor de su tallo espinas
que como si fueran pequeñas cuchillas,
iban cortando poco a poco mi cara.
Dejando en mi piel un tatuaje que me recuerde
cada vez que vea tu imagen en el espejo.
Aunque sea la mía la que duerma
dentro de la prisión de cristal liquido.
Cuanto duele el amor no correspondido,
cuando se tiene la semilla del primer ¡Te quiero!
tanto tiempo guardada.
Y esta hecha dentro de mis ojos negros,
raíces de amargura y de besos que no fueron.
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