Hay tantos ojos mirándome
fijamente desde el otro lado del cielo.
Que en silencio yo me pregunto:
¿Cuales son los tuyos,de todos ellos?
Entonces grito tu nombre,
y en medio de la noche escucho una estrella llorar.
El cielo descorrió sus cortinas negras.
Y tu convertido en niño de cinc,
estabas justo detrás.
Y yo aquí anclada al suelo.
Siendo una flor de carne que se consume
sin poder ser tu consuelo.
Como me gustaría ¡Amor! arrancarme de golpe
las raíces de la sangre.
Y poder ser ese funamvulista que camine por el cielo.
Para tenerte conmigo,
un solo día,una hora,un segundo.
Aunque eso signifique morir como muere la mariposa,
después de despertar.
Aun así. Mercería la pena el sacrificio,
con tal de verte,como te aquella primera vez.
Siendo aquel niño con piel de luna
que me invito a soñar.
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