sábado, 4 de abril de 2015

La cantata de la dulce sangre:

La virgen cantaba saetas
con espinas en la boca.
Y  la paloma con el corazón
colgando de un hilo,
pinta con la sangre que gotea
cruces de plata
sobre los pechos heridos.


Los arcángeles cruzan volando
la distancia que separa la tierra del suelo
con alas que son cuchillas
cortando en dos la carne de los penitentes
que caminan por la calles
con la luna en las costillas.

Las estrellas caídas al suelo,
son flores de plata
cuyos pétalos van deshojando uno a uno
los mártires con sus dedos.
Para hacer con ellas un manto,
en donde se tumbe la amargura abrazada a la noche
sujetando entre sus manos
un ramillete de lágrimas secas y de astillas.

De las ramas de los olivos
cuelgan los brazos y las piernas de los apóstoles.
Y los santos que tienen sus ojos colgando de sus manos
como racimos de uvas tiernas.
Para dar de beber a los querubines
con la sangre que gotea.
Que es dulce, mas dulce que la miel mas espesa.
y sed de de lágrimas que saben agua fresca.


Por la calle del dolor enquistado
los cofrades caminan entre cristales,
llevando entre sus manos
la vela que alumbra la ultima madrugada.
Donde el infinito se tiñe de morado.
y las nubes abran su carne liberando miles de zarzas
que caigan como una lluvia de clavos ardientes,
perforando los corazones de aquellos
que se inclinan de rodillas
para ver a cristo con el sol entre los labios.
Subido en lo alto de una cruz
donde sus muñecas y tobillos sean atravesados,
por picos de golondrinas y  tallos de rosas heridas.
Muriendo al primer suspiro
y resucitando al tercer llanto.


Mientras la virgen,
asomada a su balcón de sangre y barro
cantaba saetas con espinas en la boca.
Y un ramo de luna
creciéndole entre sus manos.

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