martes, 14 de abril de 2015

Anatomía del siglo de oro:

Entre las grietas que ocultan
las paredes de la ciudad antigua,
Miles de ojos se asoman viendo
palomas de barro volar bajo el sol.
Que en vez de derretirse,
se convierten en lágrimas de cristal
que cuelgan, de lo alto de las fachadas.

Por sus calles resuena el eco
de los metales y los haceros.
De la sangre fluyendo como un río,
y tiñendo de escarlata los adoquines
en donde duerme la derrota junto a su dueños
y un tercio de los gatos
que cayeron de los tejados.

En medio de la plaza
un gentilhombre orina sobre la boca de un mendigo.
Y las palomas llevan sujeto entre sus garras
el estomago de los obispos.
Que fueron condenados a morir comiéndose
su propio cetro de oro,
y su orgullo envuelto en su pecado.
Y enterrados bajo su templo.
Siendo los cimientos que sostengan
la piel bajo su esqueleto.


Las tabernas de los arrabales
llenan sus mesas de hombres
que vendieron su alma,su vida,y su sangre.
Por cuatro monedas de oro al diablo
que gobierna desde su trono,
donde la sombra se extiende mas allá
de donde se extiende la luz,
y mas allá de donde la miseria se abre de piernas
para alumbrar hijos muertos.
Y chocando sus copa de vino borrachos de mil batallas,
ríen ante la muerte
que se aproxima montada sobre su caballo.



En un paseo de cenizas  cuyos arboles
son de madera y acero,
hay colgando de lo alto de sus ramas
como frutos de triste sombra
las cabezas de los que gritaban libertad
con una  ballesta en la mano.
y la miga del pan cayendo de su boca
como una piedra que partió las entrañas del suelo.


De aquellos que soñaban,
que la tierra era infinita y no tenia borde que cortara
la frente de quienes se asomaran
para ver de cerca el mundo subidos a bordo de un velero,
con un mascaron que fuera una pata de paloma
que apuntara al  infinito.
Aun siendo el infinito,
un abismo donde pierda el alma
y la oscuridad,
un dragón con mil gargantas.

Y de los que rezaban a luna en secreto
con una venda en los ojos,
para no ver como Santiago
montado a lomos de su caballo de humo
la cercenaba con el filo de su espada.
Dejando su cuerpo consumirse,
en un páramo donde florecen cuervos
con los picos boca arriba.
Y crecen ramos de lágrimas secas,
encima de las cornisas.


Sentados en su escritorio
de media noche tallada con un cincel
que es luna y a amapola acristalada.
y alumbrados con una candela de una luciérnaga
prisionera de su propio brillo.
Los poetas escriben,
con la pluma de un fénix
poemas sobre la piel del viento.
Que es una paloma de humo azul
volando de un lado al otro del sueño.
Y la tinta que utilizan  para componer
cada verso ,cada soneto.
Es la sangre que gotea de la punta sus dedos.


En la torre de los tiempos
donde el reloj de los siglos,
marca las cuatro en punto de la tarde.
Sus agujas dos metalizadas
señalan hacia un paisaje
en donde nunca se pone el sol.
Y en donde las nubes son las capas embozadas
de aquellos que una vez,
fueron amos de siete islas y señores del mundo nuevo
y que ahora son sombras que caminan sonámbulas
dentro de la paredes de una ciudad llamada España.
y que es un cuadro pintado por velazquez
y sombreado por el Greco.

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