lunes, 9 de marzo de 2015

Me duelen las manos

Me duelen las manos
de levantar la piel de la tierra.
Y ver debajo de todas las capas de hueso y piedra.
El esqueleto amarillento de la misera.

Me duelen las manos
y tengo las uñas levantadas,
de todas las raíces secas
que se clavan en mi carne rota
por jaurías de perros de hierro fundido.
Como espadas afiladas.

Me duelen las manos de tener como tengo,
los nudillos rotos de golpear
las mandíbulas de los cerdos de oro.
Y las palmas abiertas de todas las veces
que me las corte,
para regar con mi sangre
las bocas de los niños con los pies dentro de la tierra.
Pequeñas florecillas con su tallo
(columna vertebral ya saliendo de su espalda)
ya marchito por el hambre.
que siempre están con la boca abierta.

Pero sobre todo me duelen las manos,
de intentar arrancar tiras de carne
a la vaca de la ambulancia.
Y que está sea un cocodrilo que destroce a dentelladas
los campos donde crecen
las esperanzas de unos pocos en medio de un terreno seco
donde  brotan las calaveras
y  perros los con las costillas abiertas.
De intentar hacer vomitar monedas a los cerdos
empachado de tantas como comen
cuando nadie los ve dentro de sus cochiqueras.
Para con sus tropezones de niquen
dar de comer de a aquellos
que mueren de hambre en medio de un desierto
donde los gritos del viento,
suenan a los latidos de un corazón
que se convierte en agua dentro de un tórax abierto.



Tengo rotas las manos
de levantar la piel de la tierra.
y ver como se deshace entre mis dedos
el cuerpo de barro seco
de aquellos que fueron brotes de una agua.
Antes de ser  piedra caliza bajo el suelo.

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