La agonía me abraza
con presión y violencia.
Como una boa constrictora
como una camisa de fuerza.
Y mi pecho convertido
en pájaro de sangre fría
se abre en diminutos fragmentos
de agonía. Y afilado dolor.
Extendiendo sus alas sanguinolentas.
Y clavando sus uñas afiladas
en mi malogrado corazón.
Me duelen los gusanos de metal
que anidan en mi estomago
y muerden la piel seca de mi alma.
Y ese cervatillo de hierro caliente
que cocea la supurante costra caliente
de aquello que una vez llamé amor.
Ya no queda tiempo... .
No queda tiempo para pensar
en paraísos azules y sueños desflorados.
Ni para soñar con unicornios de agua.
Solo queda tiempo para la ardiente oscuridad
de la locura. Y para la prisión gris de mi alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario