La calavera de la ninfa
sonreía mostrando sus dientes de amapola
y aquellos ojos soñadores
con la luna atrapada dentro de sus cuencas. Como incandescentes
pajarillos de ceniza y de pasión.
La noche era, un lienzo en blanco
donde las emociones se peleaban
por anidar en mi pecho.
Y en donde la pasión sea
un pentagrama agonizante de estrellas
deseosas de una canción. Tú.
La muerte vino en forma de margarita descarnada
y de beso enquistado. Cuyo epitafio era tu latido
y cuya tumba será, mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario