Daria un puñetazo al aire
por cada hora robada.
Por cada oportunidad perdida.
Por cada una de las heridas
que se abren en mi pecho
cada vez que pienso, en esa luna herida
por la poesía.
Daria un puñetazo a pecho del cosmos
hasta que se me claven estrellas
en los nudillos.
Hasta que me sangraran los versos.
Y me supuraran las melodías oscuras
de mi alma.
Golpearía repetidamente
el monte del infierno.
y la fragua de Vulcano.
Hasta que mis dedos se volvieran chispas.
Y mis uñas, afiladas plumas
arañando la piel rota de la tierra
y el corazón del cielo.
Me dejaría los nudillos
en cada una de las paredes del dolor
y de la fantasía.
Hasta que mis capilares se rompieran
en un millón de flores muertas.
Y mis uñas se cayeran
como estrellas fugaces bajo la superficie de la tierra.
¡Es tal mi rabia y mi impotencia!
Que me rompería los puños en pedazos
por cada sueño roto. Por cada tortura a la lírica
Y por cada profanación violenta
a la diosa Melodía.
Y después de varios puñetazos al vientre
del tiempo. Caería al suelo convertida en una frágil hoja
empujada por el tiempo. Muerta. Con mi pecho tocando el suelo.
Pero feliz y sonriente. De haber vencido a todos los demonios
que habitan el mundo de la racional. Y que nos consumen hasta ser una sombra
reducida a un montón de frágiles y oscuros, huesos.
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