Hay una inmensa raíz amarga
clavada en el cementerio oscuro
donde las flores me hablaban.
Y una cuerda de guitarra rota
que convertida en florete diminuto
cercena las mariposas de mi garganta.
Cada noche, me desangro verso a verso
sobre la piel herida mi cuaderno. Y convertida
en mariposa oscura, agonizo hasta la muerte
siendo esa metáfora que quiere, ser realidad palpable
y agoniza en el tintero.
En medio de un limbo, de brochazos y de sueños
vivo siendo aquella alma perdida, que anhela el esqueleto
de un piano. Y el corazón de un cerezo.
Para renacer, una y mil veces siendo la musa con la piel rota
cuyo cuerpo sea devorado día tras día por lobos del dolor
y de la fantasía.
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