Diminutos unicornios
atraviesan con sus cuernos
mis pupilas. Cegando mis sueños
y haciéndome sangrar
oscuras pesadillas.
Bandadas de calaveritas flotantes
vailan descordinadas
delante de las venas rotas
del espejo.
Y una mariposas
con las alas calcinadas
se alimentan de los lunares desprendidos
de mi piel descarnada.
Soy una pequeña sombra.
Una nota discordante
en un perfecto y armónico pentagrama.
La pistola roja que dispara
negros claveles.
La realidad y su locura.
Soy un espejismo de mi misma.
La verdad palpitante
que solloza entre lágrimas duras
y puñaladas de tinta.
La vida es un fantasma atrapado
en una fotografía.
Y yo...
ese reflejo que se pierde entre interferencias
y poesías.
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