En una esquina pintada de negro.
Hay un hombre que se consume
Inyectándose su propia soledad en vena.
Y bebiéndose su amargura en un cartón de vino.
Para luego vomitar
los latidos de su corazón entre medias de dos calles
donde las horas son perros famélicos
lamiendo sus heridas.
Y donde los días son puñales que atraviesan sus ojos
en forma de lágrimas.
Y el frío es un puñal azul
que traspasa sus manos heridas y cansadas
Y sus mejillas convertidas en dos paramos
en donde crecen flores venosas entre la barba.
Sobre un cartón mojado por la sangre y el sudor.
Duerme una sombra anónima
que cada día es pisada por los zapatos de la prisa
y de la indiferencia.
Y que tiene sus entrañas devoradas
por las invisibles del angustia y del hombre.
Mientras sus labios son tumbas
en donde fue sepultada la sonrisa
junto con la esperanza.
Bajo la luz multicolor de la gran y eterna ciudad
Hay un hombre llamado ''Nadie''
muriendo de una sobredosis de melancolía.
Y de un coma etílico de un dolor amargo
mezclando con la bilis.
Pero mañana sera otro día
y las prisas desgastaran el asfalto.
Los besos llenaran los bares
Y nadie se acordara de ''Nadie''.
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