Arrastra pequeños bueyes en mi pecho.
Haz que un ciervo de fuego
lama mis heridas.
Que una pequeña serpiente de hierro
se enrosqué en mi garganta
impidiéndome gritar con todas mis fuerzas
la palabra Libertad.
Haz que miles de mariposas muerdan y arañen
con sus patitas de hielo
mis ojos y mis mejillas. Dejando al descubierto
las flores que germinan
desde el interior de mis encías.
Corta mi pecho en dos. Y clava mi corazón en la pared.
Como si fuera un pequeño y precioso insecto
de tu colección. Para que lo contemples cada noche
con añoranza de mis días y con macabra devoción.
de lo que pudo, y no fue.
Haz conmigo lo que quieras.
Que yo ya ni siento ni padezco.
Pues soy un cadáver de mis emociones.
Un fantasma que sangra y que camina.
Y una muñeca obediente
que por ti, se arrastraría a los infiernos con garfios en el vientre
con tal de verte sonreír.
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