Un pájaro martiriza con su pico
una camelia herida de amor.
Dolor de tango en el pecho.
Gardel disfrazado de pentágrama nocturno
se vuelve poema entre mis dedos.
Tinta,tinta,tinta. Hilos de tinta chorrean por las calles.
Y los cafés se ahogan una ola de fuego y arte.
La musa es una mariposa de cera
debajo de un gran sol.
Y el cielo. Un dragón de cristal tragándose
los corderos plateados del rebaño crepuscular.
En Buenos Aires el aire se vuelve
velero invisible de su silencio.
Y el niño. Los niños. Porque no es uno solo.
Ni dos,ni tres,ni veinte....¡Sino mil!
Que van dejando un rastro de dientes de leche
para que beban de su inocencia infantil. los poetas.
Dentro de su corazón hay un reloj.
Y dentro de ese reloj otro reloj.
Y luego otro,otro ,y otro mas.
La ciudad esta llena de relojes.
Por que allí el tiempo es un caballo que atraviesa
galopando los muros y los tejados.
Y a veces no sabes...
Si estas despierto o si estas soñando.
Porque el tiempo pasa tan deprisa
que a veces parece como si el corazón fuera
un mecanismo de piel.
Moviendo las entrañas mecánicas del sueño.
En la soledad de una farola. La luna azul.
Y bajo esta luna convertida en puerto.
El pájaro se comió lentamente aquella camelia herida de amor.
En mi alma un tango nacía de la sangre.
Sangre de tinta.
Sangre de pentágrama descolgándose linea a linea
sobre las playas que ondulas como potros salvajes.
Y sangre de estrellas que se volvieron pieles
para cubrir la cama de espuma,
en donde el horizonte es un sol de oro
con un diminuto bailarín blanco entre los labios.
Argentina. una caracola abrió su sexo
para parirte con un mar entre las manos.
Y en ese mar los sueños fueron rasgueos de guitarra
que susurran tu nombre.
Nombre de tango bajo la luna azul.
Luna convertida en zafiro. Zafiro de mi roto corazón.
Dolor de tango en el pecho.
En un pecho partido en dos. Una parte de mi es
una gaviota sobre volando Buenos Aires.
La otra una paloma con las alas rotas y encerrada en su propio corazón.
una camelia herida de amor.
Dolor de tango en el pecho.
Gardel disfrazado de pentágrama nocturno
se vuelve poema entre mis dedos.
Tinta,tinta,tinta. Hilos de tinta chorrean por las calles.
Y los cafés se ahogan una ola de fuego y arte.
La musa es una mariposa de cera
debajo de un gran sol.
Y el cielo. Un dragón de cristal tragándose
los corderos plateados del rebaño crepuscular.
En Buenos Aires el aire se vuelve
velero invisible de su silencio.
Y el niño. Los niños. Porque no es uno solo.
Ni dos,ni tres,ni veinte....¡Sino mil!
Que van dejando un rastro de dientes de leche
para que beban de su inocencia infantil. los poetas.
Dentro de su corazón hay un reloj.
Y dentro de ese reloj otro reloj.
Y luego otro,otro ,y otro mas.
La ciudad esta llena de relojes.
Por que allí el tiempo es un caballo que atraviesa
galopando los muros y los tejados.
Y a veces no sabes...
Si estas despierto o si estas soñando.
Porque el tiempo pasa tan deprisa
que a veces parece como si el corazón fuera
un mecanismo de piel.
Moviendo las entrañas mecánicas del sueño.
En la soledad de una farola. La luna azul.
Y bajo esta luna convertida en puerto.
El pájaro se comió lentamente aquella camelia herida de amor.
En mi alma un tango nacía de la sangre.
Sangre de tinta.
Sangre de pentágrama descolgándose linea a linea
sobre las playas que ondulas como potros salvajes.
Y sangre de estrellas que se volvieron pieles
para cubrir la cama de espuma,
en donde el horizonte es un sol de oro
con un diminuto bailarín blanco entre los labios.
Argentina. una caracola abrió su sexo
para parirte con un mar entre las manos.
Y en ese mar los sueños fueron rasgueos de guitarra
que susurran tu nombre.
Nombre de tango bajo la luna azul.
Luna convertida en zafiro. Zafiro de mi roto corazón.
Dolor de tango en el pecho.
En un pecho partido en dos. Una parte de mi es
una gaviota sobre volando Buenos Aires.
La otra una paloma con las alas rotas y encerrada en su propio corazón.
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