Me llenare de musgo amargo la boca.
Para no pronunciar tú nombre.
Porque tu nombre guarda en su esencia el veneno
de aquella noche en la que nos devoro la luna,
clavando en nuestros pechos sus dientes de azufres.
Tu nombre es una espina clavada en el ultimo rincón de la sangre.
Una espina que atraviesa mi alma con la fuerza
de una flecha cortado con su punta de humo la piel del aire.
Ese aire que me falta. y que se vuelve cúpula de mi angustia
y de ese corazón que ya no es corazón.
Sino una rosa de ceniza en el jardín de mis quereres.
Tu nombre es una gota de veneno sobre la punta de mi lengua.
Un hilo de tinta que se desprende fibra a fibra
sobre un campo yermo donde agonizan de cartas de amor.
Cartas que se deshacen bajo una lluvia de lágrimas de fuego.
Lágrimas que me cortan los ojos como navajas de duro acero.
Y que dejan sobre mis pupilas cicatrices
de haberte amado en vida mas de lo pude amarte en la muerte.
¡Ay! estatua de Doña Inés. Fantasma de mármol florido
que por su Don Juan anima de sus amores. Y ángel de su delirio.
Me llene de musgo amargo mi boca.
Para no pronunciar tú nombre.
Pero tú nombre es un canario atrapado en mi garganta
y grita en medio de este silencio de besos.
Aunque mi boca este sellada.
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