En medio de la ciudad...
La niña muerta
lloraba abrazada a su propia sombra.
En el asfalto. Su muñeca.
convertida en cadáver de su infancia.
Se consume lentamente bajo la lluvia.
Mientras sus entrañas de algodón,
eran lentamente devorada por los gusanos.
La niña abrazada a su sombra.
Observa las luces de la ciudad,
brillar como las panzas
de un millar de peces muertos.
Y las ventanas de los rascacielos
siendo unos grandes alcones de cristal
observa su corazón abierto
por la afilada cuchillada del silencio.
En su pelo se posaron
las arañas, los gorriones y las polillas.
También aquella colilla movida por el viento.
Y que fue pasador de ceniza.
Sobre su rubio bosque de cuento.
Dentro de sus ojos
Anidaron un enjambre de cigarras blancas.
Y una infinidad de larvas,
que mordisquearon sus pupilas.
Hasta convertirlas en dos lunas de papel.
Consumidas por sus lágrimas.
En lo mas profundo de su boca
Una enredadera de estrellas,
extiende su resplandor
por su rostro de marfil adormecido.
Rostro que es una mascara mortuoria,
de su niñez perdida.
Niñez.Consumida sobre el asfalto.
Una manada de perros callejeros
lamieron con saña la herida
que se abría paso por los cauces de la carretera.
Como si fuera un lago de agua cristalina.
Y una manada de gatos,
jugaron con tus manos.
Creyendo que eran dos mariposas adormecidas.
Y aquel toro de acero pintado
que le invistió con la fuerza de un tanque
atravesando la fachada.
O la de un caballo que intenta con sus casos,
romper el grueso muro de la vía láctea.
Salio corriendo como una centella de caucho.
Dejando un rastro de negras pieles por el cemento.
Y tu...abrazada a tu sombra
te consumes bajo el manto del silencio.
Silencio de fachadas y transeúntes,
que observaron tus ojos color cielos.
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