martes, 19 de mayo de 2015

Bajo los escombros del olvido:

Manos y pies brotando
como tallos del interior del suelo.
Corazones atravesados en la garganta.
Mil labios entreabiertos mostrando bajo sus encías,
mil dentaduras de barro.

Bocas llenas de tierra gritando
el nombre propio de la muerte.
Que viene golpeando las paredes del silencio
con un martillo de piedra.
Rompiendo con cada golpe
los muros donde se oculta la angustia y su sombra.
Entre mil escombros,
y mil pulmones boca abajo.


Bajo el suelo,
torsos de niños abrazados a sus peluches
intentan contemplar, la aurora que se escapa.
Mientras madres sin piernas,
se arrastran por un montículo de costillares de perros.
Para dar con sus pechos cercenados
de mamar a sus hijos,
que lloran con lágrimas de gravilla y niebla.
Entre las ruinas de una infancia,
que se desmorona con el aire
como un castillo de naipes empujado con el dedo.


En un páramo de pieles extendidas.
Hay un rebaño de bueyes mecánicos
bebiendo piedras y sangre de garzas muertas.
En medio de un oasis de ojos abiertos.
Mirando mientras beben,
como cuelgan hilos de sangre de las cornisas
como macabras enredaderas,
que dan flores que son pequeñas calaveras.
Y frutos en forma de lágrimas secas.


Nadie pareció ver nada
en medio de tanto caos de cuerpo roto.
pasaron su mano los 4 jinetes,
a lo largo de una hilera de ojos donde
las lágrimas cortan como puñales de estrella
la piel de Buda extendida sobre la tierra.

¡Pero yo lo vi!.vi como la muerte
se alejaba dejando tras de si,
su huella sobre una ciudad;
que esconde bajo sus ruinas
millones de manos con sus dedos extendidos
intentando tocar el cielo.


¡Yo lo vi!.Pero hubiera preferido,
que mis ojos fueran dos mares de piedra
para no verlo.


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