Puñaladas de labios partidos
en nuestros cuerpos reducidos
a las figuras abstractas
de un romance.
Punzadas de lágrimas
en las cuencas de los ojos,
El tiempo negro
convertido en granada
y explotando
en nuestro corazón momificado.
Las venas convertidas
en hilos de cemento.
La piel rota.
Y flores en los huesos.
Cada noche es un pequeño cementerio.
Donde nos perdemos
entre espejismos de oscuridad
y laberintos de corazones rotos.
Y nosotros somos, las sombras
que juegan con nuestros perfiles
mutilados por la angustia
y por el silencio.
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